
Hoy, 25 de enero, las cámaras del país bajan sus obturadores por un instante de silencio, no para dejar de ver, sino para recordar que la verdad tiene un costo que ningún periodista debería pagar.
Hace casi tres décadas, el periodismo argentino sufrió su herida más profunda en democracia. El asesinato de José Luis Cabezas en las cavas de General Madariaga no fue solo un crimen contra un hombre, un padre y un profesional; fue un intento brutal de cegar a la sociedad entera. Al asesinar al fotógrafo que se atrevió a ponerle rostro a la impunidad, el poder oscuro envió un mensaje: hay límites que la mirada no debe cruzar.
Sin embargo, el efecto fue el contrario. Aquella foto de la mansedumbre del poder caminando por la playa se convirtió en un estandarte eterno. La sociedad argentina respondió con un grito que aún resuena en cada redacción y en cada calle: «No se olviden de Cabezas».
El 25 de enero: Un compromiso con la libertad
Declarado el Día Nacional del Reportero Gráfico, esta fecha trasciende la efeméride técnica. Es un recordatorio de que la libertad de expresión es el oxígeno de la democracia. Cada vez que un reportero levanta su cámara para documentar la realidad, está ejerciendo el derecho colectivo a saber, a dudar y a cuestionar.
El atentado contra Cabezas fue un ataque directo a la línea de flotación de nuestra libertad. Quisieron quemar la evidencia, pero solo lograron forjar un símbolo incombustible. Hoy, en un mundo donde la desinformación y las presiones a la prensa persisten bajo nuevas formas, la figura de José Luis nos interpela: ¿Qué estamos dispuestos a mirar?
Memoria viva
Honrar a José Luis Cabezas hoy, 25 de enero de 2026, es proteger el ejercicio libre del periodismo. Es entender que detrás de cada imagen que nos incomoda, hay un trabajador que custodia nuestra verdad.
Su cámara se detuvo aquel verano de 1997, pero su mirada sigue abierta en los ojos de cada colega que, a pesar del miedo, decide no mirar hacia otro lado.
José Luis Cabezas: Presente. Ahora y siempre.